miércoles, 28 de agosto de 2019

La gente es muy individualista, tanto, qué olvida que el mundo es una unidad
y lo va desgarrando como si fuese una miga de pan.
Es irónico y hasta paradójico cómo el hombre dice amar cuando en verdad no sabe
cómo definir al amor en toda su dimensión.
Los pensamientos se van acoplando a lo efímero y todo transcurre en medio de
una incertidumbre que va desvistiendo a los  miedos.
Ani tiene dos muñecas a  las cuales bautizó Tia y Hermana y las ama, aunqué en ellas se
encuentren los silencios más oscuros que hacen de ella una eterna disyuntiva.
Antes de nacer su madre ya había decidido que Ani fuera entregada a las manos de la
improbabilidad y a los desquicios de la subjetividad. Cuando las certezas pierden lugar el reloj de arena no deja caer sus granos extendiendo así, el dolor de una existencia
condenada al exilio.

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